La Guerra de los Últimos · 2026
“Cuando intentas complacer a todos y terminas sin convencer a nadie.”
- Dirección
- Ridley Scott
- Duración
- 1h 58m
- Estreno
- 2026
- Registro
- 27 ago 2026
- Firma
- Dominga José M.M
- País
- Estados Unidos
- Género
- Ciencia Ficción / Romance
- Dónde
- En Cines
Bobina 01
El director como Estrategia de Marketing
Esta es otra película con crisis de identidad, algo que parece convertirse en una tendencia, especialmente entre directores consagrados: Aronofsky con Atrapado Robando, Danny Boyle con Exterminio: 28 Años Después y Spielberg con El Día de la Revelación. ¿Por qué está pasando esto?
Una de las razones podría estar en que el nombre del director se está utilizando como estrategia de marketing: llevar a las salas a sus seguidores y, al mismo tiempo, atraer a un público nuevo y menos familiarizado con su obra. A esto se suma la presión de los estudios por mezclar géneros y ampliar el alcance de las películas. En lo personal, esta combinación me gusta; el problema aparece cuando no se hace con suficiente cuidado y las distintas capas terminan compitiendo entre sí.
El resultado puede ser una película atrapada en un limbo de identidad, que termina dividiendo a los públicos. Y esa división también puede verse amplificada por estrategias de marketing que prometen una película y entregan otra.
Bobina 02
Cuando el Autor se Rinde ante el Producto
La guerra de los últimos es un claro ejemplo de este fenómeno, y siento que con un resultado por debajo del promedio en comparación a los otros ejemplos mencionados. Ya que siento que en esas películas se sentía la autoría del director, intentando sobrevivir a las exigencias comerciales y que de alguna forma implícita lo logran. En cambio en esta oportunidad, funciona al revés, Ridley Scott totalmente entregado al comercio para vivir una vejez tranquila. Tampoco lo juzgo por esto, o sea ya cambio el mundo y la perspectiva de ver el cine género (Blade Runner / Alien), no necesita demostrarle nada a nadie.
Ahora, olvidémonos del maestro por un momento. Como película, La guerra de los últimos funciona como un producto bastante dominguero que, de haber sido dirigida por un director cualquiera —o incluso por uno del circuito A24—, quizás habría resultado más interesante. La película se demora demasiado en despegar y pasamos buena parte del metraje viendo a Jacob Elordi en ocho de cada diez planos, generalmente acompañado de su perro, lo que, admitámoslo, lo hace todavía más deseable. Cuestiono su actuación, pero es entretenido a la vista y yo no me voy a quejar de eso. Ahora bien, si no sientes ninguna atracción por este sujeto, ese minutaje puede ser difícil de resistir. A esto se suma el indie folk, los paisajes hermosos y una atmósfera contemplativa que, en teoría, me encanta, pero que aquí se siente extrañamente desconectada del tono de apocalipsis tipo The Last of Us que la película parece querer vender.
Bobina 03
Una Película Hecha para la Baja Retención.
Cuando comienza el romance, la elección de la banda sonora cobra un poco más de sentido. Todo se vuelve bastante cursi, y yo no tengo nada contra el romance. El problema es que la situación resulta tan inverosímil que me recuerda constantemente que estoy viendo una fantasía. Y, en este caso, esa fantasía no termina de funcionar conmigo. El cine que se siente demasiado consciente de estar siendo “película” ya no me hace vibrar tanto y esta resurgiendo considerablemente.
Después tenemos un par de secuencias de acción, ya pasada la mitad, que están muy bien logradas y resultan bastante entretenidas. Ahí aparece, por fin, el recordatorio de que Ridley Scott está detrás de la cámara y que no solo le pagaron por poner su nombre. Y justamente porque esas escenas funcionan tan bien, la película se vuelve todavía más confusa: terminas con la sensación de que viste una buena película. Supongo que ahí está el truco.
Porque, en realidad, estamos frente a una película llena de elementos que funcionan por separado: personajes estereotipadamente guapos, postapocalipsis, romance, acción, armas, sangre, locos, un perro y música folk. El problema es cómo están articulados.
Todo parece dispuesto de manera bastante floja, sin demasiada ambición más allá de construir un producto fácil de consumir y capaz de mantener la atención del espectador.
Para alguien que no ve tantas películas, probablemente sea u un buen panorama de domingo: tiene romance, acción, paisajes bonitos, Jacob Elordi y un perro, un apocalipsis familiar. Para mí, en cambio, solo queda decir: “Ponele voluntad”.